
Washington, 9 nov (PL) Los republicanos estadounidenses anticiparon hoy lo que será su posición contra los planes del presidente Barack Obama de avanzar una reforma migratoria integral que favorezca a cerca de 11 millones de indocumentados.
La derrota de los demócratas en los comicios legislativos del 2 de noviembre, en los que cedieron la mayoría en la Cámara de Representantes y en el control de varios gobiernos estatales, además varios escaños en el Senado, aupó más la negativa opositora a favorecer la modificación del código migratorio.
Aunque se esperaba para enero que los antiinmigrantes continuaran con sus planes de hacer que la ley SB1070 de Arizona se propagara a otros estados, y abogarán para la derogación de la Enmienda 14 de la Constitución, con el objetivo de negarles la ciudadanía a los hijos de los indocumentados, Texas anticipó parte de esta corriente conservadora.
En ese sentido, la legisladora estatal republicana Debbie Riddle presentó varias iniciativas de ley anti-inmigrantes, una de las cuales es similar a la de Arizona, y cuya aplicación total permanece suspendida por una orden judicial.
Este lunes en la Cámara de Representantes de Texas (sur) apenas fue abierta la sesión, Riddle presentó la normativa HB 17, la cual criminaliza la inmigración al permitir a la policía detener a personas sospechosas de estar de forma ilegal en el estado.
Como una reiteración de las posiciones de los últimos dos años de su partido, la legisladora también promovió la HB 16, que obligaría a los votantes a portar dos identificaciones con fotografía para acudir a las urnas en el estado, a fin de evitar que inmigrantes sin ciudadanía puedan votar.
Otros textos que forman partes de los planes de los republicanos de este estado son el proyecto de normativa HB 18, que sancionaría a los municipios que permitan "ciudades santuario" tolerantes con los indocumentados y la HB 22 que pide a las dependencias estatales determinar y reportar los costos relacionados con la inmigración ilegal.
A partir de enero venidero, los republicanos tendrán 99 escaños, de un total de 150, en la Cámara de Representantes de Texas, la cifra más alta en 140 años, y casi los dos tercios del Senado, lo que favorece la aprobación de estas medidas, sostiene el diario Houston Chronicle.
Lo que sucedió en Texas es calificado como un "cubo de agua fría" para las expectativas de millones de personas indocumentadas que esperan con ansiedad e incertidumbre que el Congreso estadounidense abra sus puertas en noviembre.
Entonces, Senado y Cámara de Representantes retomarán su agenda en la sesión llamada "lame duck", (con un poder limitado), durante la cual un sector de las 11 millones de personas que viven en la sombra en Estados Unidos puede resultar beneficiado.
La iniciativa conocida como Dream Act, que regularizarían la situación de decenas de miles de jóvenes y estudiantes indocumentados, junto a promesas de continuar mejorando la seguridad en la frontera, es difícil que pase el examen de los legisladores, de acuerdo a lo proyectado al sur del país.
Aunque a muchos de los que parten les será más fácil votar a favor o en contra del proyecto de ley, algo que despierta expectativas, la legisladora estatal texanas ya habló por sus colegas de partido.
Para los demócratas y el presidente Obama sería de utilidad cortejar el voto de los hispanos con al menos la aprobación de Dream Act, según plantean activistas.
No obstante, y aunque incumpla con su promesa electoral, a partir de enero Obama reiterará que favorece la reforma pero que necesita votos republicanos, con lo que pasará la pelota a la oposición.
La actitud que asume los republicanos puede desencadenar un movimiento nacional de derechos civiles de los hispanos como lo hicieron los afroamericanos en la década de los 70, opina Jerry González, secretario ejecutivo de la Asociación de Funcionarios Latinos Electos de Georgia (GALEO).
Los republicanos deben valorar con sumo cuidado el resultado de noviembre, opinan activistas que promueven el tema.
El director ejecutivo del Foro Nacional de Inmigración, Ali Noorani, dijo que sería una equivocación que la nueva mayoría republicana en la Cámara baja interprete su victoria como un mandato para promulgar una agenda antiinmigrante.














